salisteanoche

Monday, November 28, 2005

El ataque de los zombies voladores

Y sí. Salir es lo más parecido a esas películas malas que cobran sentido sí y sólo sí se ven en compañía de alguien. Incluso desde el punto de vista de que salir y las malas películas tienen en común lo previsible del final: o sea, nadie te "sacará de la jungla", Johnny salvará a su pequeña comunidad protestante del ataque de los zombies voladores (sacrificio mediante de las minorías latinas y afroamericanas).

Pero... más acorde a los tiempos que corren, y al hecho de que ésto no es Londres, es la opción inversa, no salir para no conocer a nadie. El sábado, sin ir más lejos, tras una seguidilla de fines de semana-fiasco, armé un programa que no corriera el riesgo de fallar: comida chatarra y DVD de "El terror de las chicas", dirigida, escrita, producida y protagonizada por Jerry Lewis. Cuándo se darán cuenta de que el sujeto es lo más parecido a un genio. Habla de hoy hace 30 años. Hace de un freak (como nosotros) que sufre un desengaño amoroso (como nosotros), y entonces decide dedicar su vida lejos de las mujeres y de los destinos sentimentales pero fracasa (como nosotros), cuando consigue un trabajo en un residencia de señoritas. Y encuentra a alguien que lo saque de la jungla, pero no porque se haya propuesto salir todos los fines de semana. ¡Bah!, encuentra a alguien porque es una maldita película...

NOTA: en la escena en que Jerry tiene un número musical con George Raft, sonó mi teléfono móvil. Gentileza de la compañía que ofrece el caller id por dos meses sin cargo alguno, vi que era algo así como un no ligue. Llamando sábado a la noche. ¿Para qué arruinar una velada tan agradable luego de una seguidilla de fines de semana fiasco? No atendí. Bajé el mensaje terminada la película. Y ya que todavía era temprano, por ser sábado a la noche, aproveché para empezar a ver la edición aniversario de cuatro horas de duración de "Érase una vez en América". Si de jóven uno se preocupaba por engrosar la agenda con números de teléfono de ligues que usar de back up, en la vípsera de convertirse uno en un blanco heterosexual soltero profesional adicto al trabajo, queda engrosar la DVDteca, cosa de tener un programa infalible en estos tiempos de tormentas de mierda.
Bill Murray

Sunday, November 27, 2005

Solteros vs. casados

Es cierto, Lorenauit, salimos para encontrar a alguien y así poder dejar de salir. Tan crudo como eso. A veces nos mentimos, y nos damos toda suerte de explicaciones mucho más bonitas, pero al final del día, estamos buscando a esa persona que nos saque de la jungla. Lo paradójico es que allí es a donde salimos a buscarlo.
Un profesor de la facultad nos había contado que cuando atraparon a un ladrón de bancos luego de haberlo perseguido por todo el mundo durante muchos años, le preguntó un periodista mientras se lo llevaban “¿porqué siempre bancos?”. El tipo, sin pensarlo dos veces, le batió: “ahí es donde está el dinero”. Supongo que salimos a la jungla, a pesar de que suele volverse insoportable, porque creemos que ahí tenemos una mayor probabilidad de encontrar lo que buscamos. Somos ateos que creen muy firmemente que dios no existe.
Anoche tuve el cumpleaños de una amiga. Cumplió la misma edad que el año pasado, y el resto de mis amigas están de acuerdo en mentir la edad todas juntas para que suene más creíble, ya que fuimos compañeras de división. Para la coquetería, somos fundamentalistas.
Y ahí estábamos, festejando en un bar que ya es casi como una prolongación del living de mi casa, lo que da la seguridad de jugar de local. Todo el mundo tiene su templo preferido. Me senté, metí la panza para adentro, acomodé la remera, chequeé mi escote, prendí un cigarrillo y pedí una cerveza. Somos muy respetuosos de los rituales.
Unos cuantos tragos después, la agasajada cumplía con el ritual de “y vos a qué te dedicás” con el que alguna vez había sido el pibe más lindo del colegio, que a esta altura ya era más bien como uno de esos premios a la trayectoria, pero para ella el trofeo debía seguir siendo válido, porque terminaron besándose en un sillón, tal como en aquellas épocas del secundario.
Mientras tanto, mi otra amiga y su novio insistían para que me arrojara en brazos de los amigos del muchacho. Traté de explicar que no estaba interesada, pero estaban muy determinados. Y eso disparó las preguntas que me lleva a escribir en este momento: ¿Por qué los que están de novios se vuelven proselitistas? ¿Los que no lo estamos, somos alguna clase de amenaza para ellos? ¿Es la noche un gran ‘solteros contra casados’, y nunca me percaté?
Parece difícil entender, para algunos, que, a veces, uno va a bailar para bailar, o a un bar para tomar algo. Punto. Suena casi hereje. Dicen que lo que nos molesta del otro son en realidad cosas nuestras reflejadas. Quizás lo que les choca a los que están en pareja sea el recuerdo de sus propias épocas de soltería, de las fiestas, las borracheras, la libertad, bah. Y tengo que asumir que cuando veo una parejita, extraño despertarme los domingos a la mañana con mimos en el pelo. No podría decir cuál de las dos es mejor, por eso sigo alternando períodos, por eso sigo creyendo. Por eso sigo saliendo.
Carito