salisteanoche

Friday, June 30, 2006

Cínicos vs. Románticos

Un tipo increíblemente estúpido me dijo algo increíblemente inteligente, lo cual se explica porque no era un concepto nacido de la maraña de pavadas y caspa que tenía en la cabeza, sino algo que había leído. “De los conceptos increíblemente inteligentes que expresa la gente increíblemente estúpida” podría ser el título de un volumen que yo leería con gusto, si existiera, claro. Como no conozco tal cosa, me dedico a escribir en un blog. En fin, divago.
Lo que me dijo este fulano fue que la única forma de salvar a alguien es salvándote a vos mismo. Si no es posible de este modo, quiere decir que esa persona no tiene salvación. ¿Por qué encuentro tan grandiosa esta idea? Bueno, en principio, soy una chica que no ha estado precisamente guardada en una cajita de cristal todos estos años, que ya son un par, y tengo en mi haber un prontuario de ex parejas, y otras cosas que son menos que parejas, que no podría enumerar, no por vergüenza, sino porque simplemente ya no puedo. En segundo lugar, porque de este vasto prontuario, no todas las historias han terminado, digamos, bien, de hecho, algunas han acabado de muy mala manera. ¿Qué tiene que ver esto con la frase?
No te adelantes, pequeño saltamontes. Uno podría decir que después de una cierta cantidad de años, y una cierta cantidad de parejas, y de otras cosas que son menos que parejas, se corre el riesgo de quedar solo y sin nada. Para los/as que estén pensando que uno nunca se queda sin amor, porque así como da, recibe, tengo un par de tipos para presentarles, que no sólo no valoran lo que reciben, sino que además, no dan nada, de nada, de nada. Mayormente médicos, si es que están interesadas/os. Así que ese argumento se cae solo.
¿Y que hacemos entonces? ¿Pedimos helado y nos sumergimos en el pozo, ese amigo del alma? Bueno, corríjanme si me equivoco, pero cuando uno se enamora, siente que es capaz de hacer cualquier cosa por el otro. Quizás no sea capaz de cederle un cajón del placard para guardar su ropa, o aprender a cocinar; pero sí de las grandes hazañas de las novelas, como enfrentarse a todo tipo de calamidades y horrores, vencer obstáculos y monstruosidades, y hasta de hablar en público, o subir a un avión. O sea, que uno sería capaz de hacer la cosa heroica y salvar al otro. Y eso quiere decir que es capaz de salvarse a sí mismo.
Si después de una serie de infortunios o fortunios, lo mismo da, uno se encontrara solo, no debería olvidar que esa grandeza de novela y esa capacidad de salvarse a sí mismo y a otros, no se ha perdido, es más probable que se haya incrementado y madurado con el tiempo. Lo que quiero decir, y sé que voy a caer en toda clase de cursilerías, y que los cínicos del mundo no me lo van a perdonar, pero también, que hay gente ahí afuera que necesita que le digan esto –cínicos incluidos-, es que uno nunca sale perdiendo realmente. Que todo lo que das no deja de ser tuyo. No sólo eso, sino que es de lo que estás hecho. No poca cosa.
Así que salgan, esta noche, y todas las noches, elijan mal, enfrenten la calamidad, venzan al monstruo, arriésguenlo todo, hagan la cosa más estúpida posible: enamórense. Y sálvense.
Carito

Monday, November 28, 2005

El ataque de los zombies voladores

Y sí. Salir es lo más parecido a esas películas malas que cobran sentido sí y sólo sí se ven en compañía de alguien. Incluso desde el punto de vista de que salir y las malas películas tienen en común lo previsible del final: o sea, nadie te "sacará de la jungla", Johnny salvará a su pequeña comunidad protestante del ataque de los zombies voladores (sacrificio mediante de las minorías latinas y afroamericanas).

Pero... más acorde a los tiempos que corren, y al hecho de que ésto no es Londres, es la opción inversa, no salir para no conocer a nadie. El sábado, sin ir más lejos, tras una seguidilla de fines de semana-fiasco, armé un programa que no corriera el riesgo de fallar: comida chatarra y DVD de "El terror de las chicas", dirigida, escrita, producida y protagonizada por Jerry Lewis. Cuándo se darán cuenta de que el sujeto es lo más parecido a un genio. Habla de hoy hace 30 años. Hace de un freak (como nosotros) que sufre un desengaño amoroso (como nosotros), y entonces decide dedicar su vida lejos de las mujeres y de los destinos sentimentales pero fracasa (como nosotros), cuando consigue un trabajo en un residencia de señoritas. Y encuentra a alguien que lo saque de la jungla, pero no porque se haya propuesto salir todos los fines de semana. ¡Bah!, encuentra a alguien porque es una maldita película...

NOTA: en la escena en que Jerry tiene un número musical con George Raft, sonó mi teléfono móvil. Gentileza de la compañía que ofrece el caller id por dos meses sin cargo alguno, vi que era algo así como un no ligue. Llamando sábado a la noche. ¿Para qué arruinar una velada tan agradable luego de una seguidilla de fines de semana fiasco? No atendí. Bajé el mensaje terminada la película. Y ya que todavía era temprano, por ser sábado a la noche, aproveché para empezar a ver la edición aniversario de cuatro horas de duración de "Érase una vez en América". Si de jóven uno se preocupaba por engrosar la agenda con números de teléfono de ligues que usar de back up, en la vípsera de convertirse uno en un blanco heterosexual soltero profesional adicto al trabajo, queda engrosar la DVDteca, cosa de tener un programa infalible en estos tiempos de tormentas de mierda.
Bill Murray

Sunday, November 27, 2005

Solteros vs. casados

Es cierto, Lorenauit, salimos para encontrar a alguien y así poder dejar de salir. Tan crudo como eso. A veces nos mentimos, y nos damos toda suerte de explicaciones mucho más bonitas, pero al final del día, estamos buscando a esa persona que nos saque de la jungla. Lo paradójico es que allí es a donde salimos a buscarlo.
Un profesor de la facultad nos había contado que cuando atraparon a un ladrón de bancos luego de haberlo perseguido por todo el mundo durante muchos años, le preguntó un periodista mientras se lo llevaban “¿porqué siempre bancos?”. El tipo, sin pensarlo dos veces, le batió: “ahí es donde está el dinero”. Supongo que salimos a la jungla, a pesar de que suele volverse insoportable, porque creemos que ahí tenemos una mayor probabilidad de encontrar lo que buscamos. Somos ateos que creen muy firmemente que dios no existe.
Anoche tuve el cumpleaños de una amiga. Cumplió la misma edad que el año pasado, y el resto de mis amigas están de acuerdo en mentir la edad todas juntas para que suene más creíble, ya que fuimos compañeras de división. Para la coquetería, somos fundamentalistas.
Y ahí estábamos, festejando en un bar que ya es casi como una prolongación del living de mi casa, lo que da la seguridad de jugar de local. Todo el mundo tiene su templo preferido. Me senté, metí la panza para adentro, acomodé la remera, chequeé mi escote, prendí un cigarrillo y pedí una cerveza. Somos muy respetuosos de los rituales.
Unos cuantos tragos después, la agasajada cumplía con el ritual de “y vos a qué te dedicás” con el que alguna vez había sido el pibe más lindo del colegio, que a esta altura ya era más bien como uno de esos premios a la trayectoria, pero para ella el trofeo debía seguir siendo válido, porque terminaron besándose en un sillón, tal como en aquellas épocas del secundario.
Mientras tanto, mi otra amiga y su novio insistían para que me arrojara en brazos de los amigos del muchacho. Traté de explicar que no estaba interesada, pero estaban muy determinados. Y eso disparó las preguntas que me lleva a escribir en este momento: ¿Por qué los que están de novios se vuelven proselitistas? ¿Los que no lo estamos, somos alguna clase de amenaza para ellos? ¿Es la noche un gran ‘solteros contra casados’, y nunca me percaté?
Parece difícil entender, para algunos, que, a veces, uno va a bailar para bailar, o a un bar para tomar algo. Punto. Suena casi hereje. Dicen que lo que nos molesta del otro son en realidad cosas nuestras reflejadas. Quizás lo que les choca a los que están en pareja sea el recuerdo de sus propias épocas de soltería, de las fiestas, las borracheras, la libertad, bah. Y tengo que asumir que cuando veo una parejita, extraño despertarme los domingos a la mañana con mimos en el pelo. No podría decir cuál de las dos es mejor, por eso sigo alternando períodos, por eso sigo creyendo. Por eso sigo saliendo.
Carito

Monday, October 24, 2005

Saliste anoche?


Las fiestas, la necesidad, el gasto improductivo... todo eso que nos lleva a algún lugar en el que se olvidan de momento las cantidades y los porcentajes, en el que se recupera una intriga, una intención de que las cosas
vayan más allá de la cotidianeidad.
Y en general, lo hacemos con poco dinero en un país devastado, en el que se sale poco porque mucho no hay. Aunque de una forma u otra, casi empecinados o inconscientes, siempre hay algo que nos invade para evadirnos hacia el fin de semana y encontrarnos con otro.
Por supuesto: se trata de salir de noche, cuando el tiempo es más dado a la intriga de que algo diferente ocurra, a pesar de que eso también pueda darse en la más despintada de las canchas de bochas de una plaza en Urquiza.
La explicación de la amiga, a la saga del encuentro amoroso por las noches, es: salimos para encontrar a alguien y así dejar de salir. Espero no creerlo, pienso que no que hay algo más en las salidas que los hombres, y que en todo caso no es bueno que el hombre incite a no salir . Propongo que no, que se suelten las lenguas de las salidas de anoche y que cuenten qué pasa con las búsquedas; por un gasto improductivo, o una salida frustrada que incite al relato.